En Torno al Concepto de Ciencia

Publicado en por Sociedad Mexicana de Teoría

Ilhuícac, SMTHG, 1990-copia-1

 




En Torno al Concepto

de Ciencia

 

Geóg. Silvia Castro López.

 

 

 

 

Este trabajo va encaminado a reflexionar acerca del compromiso que se adquiere cuando exponemos nuestras ideas en público y más aún cuando nuestros trabajos pretenden ser científicos; pues es muy dado encontrar exposiciones que carecen de la lógica más elemental, lo que provoca en muchas ocasiones, un mar de confusiones que van desde la forma de exposición y en la mayoría de los casos también de contenido.  Lo que necesariamente conlleva a planteamientos subjetivos, olvidando plenamente que a lo largo de la historia, el hombre ha desarrollado preceptos ineludibles, para que nuestra labor pueda catalogarse como científica.

 

Es una necesidad especificarlo, pues a estas alturas, sobre todo en Geografía, hablamos de que ésta es una ciencia y que lo que hacemos es científico, aun cuando muy poco se ha demostrado; ya que poco también se ha hablado acerca de cuáles son los marcos que nos debemos ceñir para adecuar nuestros planteamientos como científicos y de esta manera también ubicar lo que no es ciencia.

 

De ahí que la intención de esta exposición, está dirigida a definir un marco teórico mínimo que nos permita ubicar nuestros trabajos; así como también sentar las bases para defender a nuestra especialidad como necesario aporte al conocimiento en general.

 

Cuando oímos hablar de trabajos científicos, inmediatamente nos imaginamos que se han elaborado actividades muy complejas y cuyos resultados sólo los muy allegados por especialidad pueden percatarse y comprender lo hecho por sus colegas, por lo cual es fácil encontrar resistencia en las personas comunes  (sin especialidad), al tratar de entender dichos procedimientos, aunque estas personas tengan un nivel cultural relativamente amplio y hasta cierto punto, interés por entender un poco más que superficialmente los distintos aspectos del conocimiento.  Negándose así, de antemano, el poder aprehender los conocimientos que se van desarrollando y dejando para los “científicos” la posibilidad de entender el trabajo que éstos desarrollan, creándose un ámbito de gente “común y corriente” y otro de “gente preparada” donde generalmente hay muy poca interacción entre estos dos ámbitos de la sociedad.

 

La gente “común y corriente” en términos generales, piensa que la comunidad científica, la gente “preparada”, sí se entiende entre sí, pues “a eso se dedica”, por lo cual a ella le corresponde enterarse de los trabajos científicos.  Pero en el “ámbito científico” nos encontramos que también hay distintas formas de pensar, pues hay la idea de que una cosa son los “científicos teóricos” y otros los “científicos prácticos”; esto es, a) los especialistas que se dedican a la investigación pura, los que emiten conceptos, leyes y teorías, especialistas que deben tener la capacidad de interpretar y desarrollar los resultados de sus investigaciones en una forma definida y sistemática, dedicados a una observación aguda y perspicaz, que les confiere tal nivel de interpretación de la realidad, para poder vertirla en conceptos teóricos; y b) los especialistas que se dedican a llevar a cabo prácticamente los resultados emitidos por los “teóricos”.  Estos se consideran sin obligación de entender la problemática de la teoría científica, de la investigación, pretendiendo que no les corresponde como prácticos manejar planteamientos teóricos, pues esto es muy semejante a la filosofía, y tal cosa pareciera ajeno a lo concreto y a lo empírico, considerándose en la mayoría de los prácticos, mundos distintos, y es más, poco les preocupa conocer en qué consiste hacer ciencia; considerando que los “teóricos” sí deben tener claro dicho aspecto, que entre ellos sí lo entienden.

 

Ahora bien, dentro de este ámbito de científicos teóricos; donde se elabora y emite el lenguaje con el cual se va  a aprehender la realidad, donde se van a desarrollar conceptos, las leyes y las teorías; se pensará que entre ellos sí se entienden; que lo que entre ellos se dicen es de fácil asimilación entre sí, pues entre ellos sí prevalece el común denominador, que es una formación científica, fundamentada con todo un pertrecho teórico-filosófico que les permite rápidamente una interacción y una rápida formulación de criterios a seguir.  Pero increíblemente en este ámbito, aun cuando llamado teórico, existe también una gran confusión acerca de cuando se está exponiendo un planteamiento realmente científico y cuándo este planteamiento está sólo cubierto por la palabra “científico” pero sin una real consistencia teórica que demuestre el grado de cientificidad.

 

En muchas ocasiones se preestablece el hecho de que se ha cursado una determinada escolaridad, lo que automáticamente confiere una formación tal que lo que se haga o diga, por el simple hecho de que fue emitido por una persona con “x” grados universitarios (y si es extranjero mejor) debe tener aceptación, sin someter dichos planteamientos a una mínima crítica con bases científicas, por que en muchas ocasiones se carece de manera absoluta de esta formación aun cuando se dedique a hacer teoría.

 

Por lo cual, se es inconsciente e infantil queriendo hacer ciencia, sin haber tomado la responsabilidad de una formación teórico-filosófica, lo suficientemente sólida, como para tener madurez al emitir planteamientos, pero además, de poder avanzar sobre ideas sólidas que garanticen avances reales dentro del ámbito científico.

 

De esta manera, en aras de pretender iniciar un desarrollo teórico-filosófico consistente partiremos de preestablecer  qué es ciencia.

 

Ahora bien, comprensible es para la mayoría que en la actualidad, el conocimiento logrado hasta la fecha no puede ser manejado como en un principio de la historia, por un solo individuo o especialista y menos aún lograr desarrollarla.

 

Esto se ha resuelto por necesidad histórica, mediante el desmembramiento de distintas especialidades, que se ocupan de estudiar cada uno de los aspectos que conforman a la realidad, lográndose así una velocidad vertiginosa, incomprender cada vez mejor nuestro entorno.  Pudiera considerarse que es proporcional esta velocidad que ha adquirido, en función de las subdivisiones cada vez mayores que se han logrado en cada una de las esferas del conocimiento, y así mismo continúan subdividiéndose, por lo tanto, continúa acelerándose el ritmo de descubrimientos cada vez más precisos.

 

Cada una de estas especialidades es una ciencia en sí misma, disciplinada por un método propio que la define y la distingue de las demás; aun cuando a su vez están regidas todas, por características fundamentales aplicadas a toda ciencia.

 

Dada la compleja pretensión de querer definir qué es la ciencia, sin dejar de mencionar algún elemento de ella (pues como fenómeno social que es, su complejidad es inconmensurable); el aspecto que nos interesa es enfocarlo a las necesidades que debe cubrir toda investigación teórica o práctica, para que los trabajos que en un futuro se aborden, soporten una crítica científica.

 

De esta manera utilizaremos los puntos que A. Rakitev, citado por Andreiev, propone como aspectos necesarios (no únicos) del conocimiento científico.

 

“1 La ciencia es el conocimiento fijado en un determinado sistema de signos, estructurado de acuerdo con reglas exactas”[1].

 

Este conocimiento está referido a lo alcanzado hasta el momento histórico más avanzado que se está viviendo; y para cada especialidad de la ciencia, se crea un método específico, que utiliza signos convencionales, los cuales van conformando dicho lenguaje muy propio para hacer asequible y comprobable el planteamiento que se está exponiendo.

 

“2 La ciencia siempre se fija en un idioma definido al máximo (para cada nivel histórico)”.

“3 La ciencia es un sistema de conocimientos sobre las leyes del funcionamiento y desarrollo de los objetos”[2].

 

Y para cada una de las especialidades de la ciencia se define claramente un aspecto del conocimiento o una faceta de la realidad, específicamente como objeto de estudio de dicha ciencia, para lo cual surgen métodos claros y muy particulares.

 

“4 La ciencia es un conocimiento verificable y confirmable empíricamente”[3].

 

A esto, citando a Bunge, añadimos: “…quienes no deseen que se exija la verificabilidad del conocimiento, debe abstenerse de llamar “científica” a sus propias creencias, aun cuando lleven bonitos nombres compuestos con raíces griegas”[4].

 

“5 La ciencia es un sistema de conocimientos aplicados en constante crecimiento.  Este enriquecimiento transcurre mediante los métodos más modernos”[5].

 

Aquí, siguiendo este texto de Andréiev, la técnica, que sería la ciencia aplicada, es el método de comprobación más eficaz.

 

La ciencia, agrega Andréiev, tiene una composición que incluye: a) el objeto de estudio, b) la teoría y la hipótesis, c) el método, y el hecho (como descripción del material empírico).

 

Estos son algunos puntos necesarios que toda especialidad científica debe respetar o cubrir para que nuestro esfuerzo tenga claridad hacia dónde dirigir su actividad y no vague en un mar de actividad inconsistente que sólo se justifique por el hecho de estar en movimiento pero sin ninguna dirección, sin saber qué buscar, qué encontrar y con qué recursos auxiliarse.

 

Esto es necesario especificarlo pues en Geografía es muy común encontrar aseveraciones de “autoridades” en la materia, tales como el que la Geografía no tiene método propio; o también que su método consiste en adoptar los distintos métodos de otras ciencias, con lo cual se desconoce el objeto de estudio de la Geografía, y automáticamente estamos repitiendo los alcances de otras ciencias.  Esto como se ve, reduce a la Geografía a ser una disciplina sin importancia para el conocimiento en general, pues no va más allá de lo que otras especialidades aportaron tiempo atrás.  Y siendo así, sin un método, sin un objeto de estudio, ineludiblemente jamás podrá considerarse a la Geografía un disciplina científica, y menos aún que sea necesaria, lo que redunda en una sobrada justificación para su desaparición o absorción por otros campos de estudio.

 

Así se presenta el panorama en la actualidad por un gran número de estudiosos de la Geografía.  Es una corriente.  Peor por otra parte existe la opción contraria, de aportar científicamente, es decir, bajo riguroso cuerpo de principios, leyes y categorías fundamentales, que delimiten a la Geografía como una ciencia necesaria que aporte en forma actualizada, bajo un método propio, bien determinado y no camuflado y readoptado a partir de otras disciplinas.

 

Una Geografía que verifique sus planteamientos bajo herramientas (técnica) muy propias y llegue a tener la exactitud que se requiere para entrar al ámbito científico.  Debe formarse un cuerpo de ideas tan sólidas, que teóricos y prácticos coincidan en un lenguaje exacto y muy propio, para obtener la comprobación necesaria y de esta manera la Geografía que manejamos, orgullosamente sea tan científica y necesaria como otrora lo fue.

 

Planteada de esta manera, resulta que es complejo y laborioso llegar a hacer geografía, pues amerita hacer un compromiso serio y permanente, a la vez que constantemente crítico.  De lo contrario, al querer traer la Geografía a nuestro tiempo, se cae en errores tan graves como esto: como se estudia por varias ciencias un solo objeto; claro está, con diferentes métodos, en Geografía, groseramente se pretende hacerla surgir como disciplina supuestamente nueva adoptando esta concepción, y como se hace empírica e intuitivamente, rápido la adopción se torna con toda facilidad en otra disciplina plenamente conocida, donde los geógrafos intentan introducirse manejando torpemente conceptos desconocidos, donde la palabra geografía se pierde en el método de la ciencia que la acompaña; justificándose un tanto acomodaticiamente, en que el método de la Geografía es de lo más plástico y se adapta con plena facilidad a cualquier método de cualquier otra ciencia.  Resultando obviamente una repetición de planteamientos y lo que es peor, empobrecidos.

 

Por el contrario, si nos esforzamos con mayor responsabilidad y nos desenvolvemos bajo métodos propios, enriqueceremos nuestros aportes y con mayor dinamismo y soltura expresaremos nuestros resultados.  Aun cuando tendremos que iniciar por tomar aprecio a la historia de nuestra ciencia y redescubrir  que este planteamiento está ya vislumbrado por geógrafos anteriores a nuestra época, y llegaron a obtener resultados que modificaron la concepción del mundo, a partir de los cuales se revolucionó la forma de vida de la mayoría de los habitantes del planeta.

 

Así se presenta la tarea de conformar los marcos teórico-filosóficos de nuestra ciencia que nos permita identificar y conducir nuestros planteamientos cada vez más perfilados hacia una Geografía científica.

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Bibliografía.

 

Andreiev, I; La Ciencia y el Progreso Social; Progreso; Moscú, 1979; p.12.

Bunge, Mario; La Ciencia, su Método y su Filosofía; Editorial Siglo Veinte; Buenos Aires, 1980.

Fedoseev, P.N-Rodríguez Solveira, Mario; et al; Metodología del Conocimiento Científico; Presencia Latinoamericana; México, 1981.



[1]      Anderiev, I; La Ciencia y el Progreso Social; Progreso; Moscú, 1979; p.12.

[2]      Ibid. p.12.

[3]      Ibid. p12.

[4]      Bunge, Mario; La Ciencia, su Método y su Filosofía; Editorial Siglo Veinte; Buenos Aires, 1980; p.42.

[5]      Anderiev, I; La Ciencia y el Progreso Social; Progreso; Moscú, 1979; p.12.

 


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Lámina agregada para completar una página par, con una ilustración titulada "Historia de unos Apuntes" de Tsung Dao Lee y Chen Ning Yang, que sugirió que el espacio presenta cierta torsión.

 



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