Geografía: el Principio del Reflejo Activo

Publicado en por Sociedad Mexicana de Teoría

Ilhuícac, SMTHG, 1990-copia-1

 


 

Geografía: El Principio

del Reflejo Activo

 

Geóg. José C. Martínez Nava

 

 

 

 

Introducción.

 

En virtud de que el principio metodológico del conocimiento es una tesis formulada sobre la base de una regularidad universal o ley científica, en rigor, en la Geografía contemporánea.  No podemos hablar de principios si en el contenido teórico de esta ciencia se carece por completo de estas leyes.  Pero esto sólo es verdad hasta cierto punto, pues existe la alternativa de asimilar las leyes y principios universales y generales e otras ciencias subordinantes a la nuestra.

 

Este camino es tan certero, que sin recorrerlo, sería casi imposible plantear las valiosísimas leyes geográficas  que determinan la pretendida previsión científica  en la Geografía, como elaborar los principios particulares, base indispensable para profundizar nuestro conocimiento del sector del mundo material estudiado por la Geografía.

 

Es pues de vital importancia el estudio de los principios más generales de la Geografía, estudio más largo y complejo, del que este trabajo sólo representa una parte mínima pero fundamental.

 

El principio del reflejo es la exigencia metodológica fundamental de la Geografía y de cualquier ciencia, a tal grado que se debe aplicar a todas y cada una de las etapas del proceso del conocimiento del espacio geográfico.

 

Más aún, debe ser determinante con relación a todos los demás principios y exigencias metodológicas, no sólo de la Geografía, sino de la ciencia en general, debido a que los contiene en forma superada.

 

Dado que el conocimiento del espacio geográfico es una rama especial del conocimiento científico, y que constituye una forma especial de conciencia social; el problema relativo a la esencia del conocimiento geográfico se halla vinculado indisolublemente a la solución del problema primordial de la Filosofía, el problema de la relación entre el pensamiento y el ser, entre la materia y la conciencia.

 

La formulación del principio del reflejo en nuestra conciencia, responde a la solución dialéctico materialista de este problema básico, particularmente en su segundo aspecto, es decir, el que afirma que nuestro pensamiento es capaz de conocer la realidad objetiva, que podemos, en nuestras ideas, juicios y conceptos, formarnos una imagen refleja lo más exacta de esta realidad.

 

Gracias a esta solución científica podemos concebir que nuestro conocimiento especial es el reflejo activo, orientado a fines gnoseológicos en primera instancia, del espacio geográfico, de sus leyes y propiedades objetivas, en nuestro cerebro.

 

El principio del reflejo activo nos prescribe una serie de exigencias metodológicas, cuya asimilación es necesaria para lograr nuestros objetivos científicos   Entre tales exigencias destacan: la objetividad en el estudio; la concreción como medio para reproducir la esencia del objeto; el partidismo que asegura la objetividad de la investigación; la extracción activa de los datos necesarios para nuestro conocimiento del espacio geográfico, y la exclusión de los accesorios  innecesarios (estas exigencias implican la transformación total o parcial de la fuente de nuestro conocimiento y de los conceptos que tengamos de ella).

 

 

La Objetividad en el Estudio

del Espacio Geográfico.

 

En la Geografía, el principio del reflejo nos exige la objetividad en el estudio, exigencia que implica reconocer que la fuente de todo conocimiento en nuestra ciencia, es el espacio geográfico como realidad objetiva; fuente propiedad material de existencia de la superficie terrestre y “adyacente”[1] a ella; que se mueve y desarrolla fuera e independientemente de la conciencia humana o de las ideas de cualquier hombre, y que es posible reflejarla en conceptos y leyes en nuestro pensamiento.

 

El espacio geográfico como una de las formas de existencia de la superficie terrestre, y éste como un nivel de la realidad objetiva reflejada en nuestra conciencia, es la premisa general, absoluta y necesaria, de cualquier teoría e investigación geográficas.  Aquí, la objetividad en el análisis radica en hacer que nuestras ideas concuerden con la trayectoria del desarrollo del espacio geográfico; en que nuestros conceptos tengan un carácter secundario con respecto a su fuente real.

 

Al investigar nuestro objeto, en el proceso cognoscitivo, no podemos partir del pensar, de las ideas subjetivas que podamos crearnos a priori de él, sino que debemos partir del objeto mismo, de su propia naturaleza.  La exigencia de objetividad nos impone que no hay que subordinar el objeto al pensamiento, sino al contrario, sin imposiciones de esquemas subjetivos o de una lógica cualquiera, inferir del objeto mismo.

 

Esta exigencia metodológica  es el fundamento y punto de partida de la teoría materialista dialéctica del conocimiento geográfico, única teoría consecuentemente científica dentro de la Geografía.

 

Al respecto, Luis Ignacio Hernández Iriberri escribe: “...la teoría del conocimiento conectada a la ciencia geográfica, se apoya en la teoría materialista..., fundamento de su teoría del conocimiento dado en sus conceptos propios que reflejan, como categorías fundamentales, los rasgos y propiedades más generales, esenciales y necesarias de la faceta del mundo material que estudia, en este caso, el espacio como atributo físico del mismo”[2].

 

La teoría materialista dialéctica del conocimiento geográfico, cuya exigencia fundamental es la del reflejo activo, nos aparta no sólo del idealismo, sino también de la metafísica y de las desviaciones  e inconsecuencias.  No es sólo diferente a las diversas teorías positivistas, sino que, además de constituir la superación dialéctica de toda teoría del conocimiento geográfico anterior, es diametralmente opuesta a las primeras.

 

Esta teoría que reclamo y que Hernández Iriberri resolvió –siendo el único geógrafo mexicano que lo ha hecho consecuentemente hasta ahora–, es materialista y científica.  La misma cavará la tumba de la “vieja Geografía” porque es justa; y es justa porque se basa en las leyes objetivas de la propia realidad y no en las ideas coyunturales de los individuos, y aquí, el principio del reflejo activo juega un papel muy importante, como exigencia al individuo de qué acciones realizar para conocerla y transformarla.

 

En virtud de basarse en la objetividad del estudio, su resolución presupone la exigencia del partidismo objetivo que es diametralmente opuesto al subjetivismo y también al “objetivismo”.  Tanto el “objetivismo” como el subjetivismo son posiciones idealistas y se complementan.  El “objetivismo” afirma que la ciencia siempre es “neutral”, posición ésta que pretende superar el partidismo en la ciencia y en la filosofía, con el fin de no enseñar suposición idealista, anticientífica, apóloga del capital y la reacción.

 

El partidismo objetivo nos exige seguir sólo las conclusiones y apreciaciones obtenidas en la ciencia misma y someterlas todas, sin excepción, al juicio de la razón y la práctica.  De este modo, se asegura la objetividad en el estudio mediante la investigación sistemática de la realidad, a través de la investigación sistemática de sus contrariedades  dialécticas, y, con la búsqueda infatigable de la verdad.  El partidismo objetivo en Geografía debe luchar no en contra de la diversidad en las búsquedas y soluciones científicas, sino en contra de la verdad subjetiva, pragmática, coyuntural, irracional, voluntarista, etc.

 

Algunos geógrafos menosprecian consciente o inconscientemente, la objetividad en el estudio.  Al respecto, Pierre George escribe: “La Geografía se afirma como medio de expresión de unos valores que se aplican de manera continuada al conjunto del espacio terrestre; la variabilidad de sus orientaciones la hace aparecer como una ciencia muy sensible a la coyuntura, que responde a una necesidad de conocimientos globales inherentes a unas preocupaciones utilitaristas y circunstanciales.  Sin duda es este aspecto subjetivo y coyuntural al que paradójicamente garantiza mejor la conservación de la unidad de la geografía”[3].

 

Si lo anterior no esclarece definitivamente la posición filosófica de Pierre George, incluimos otro ejemplo donde demuestra su pragmatismo idealista, que concibe como fin último  de la Geografía: el espacio terrestre “en la medida en que es, bajo cualquier aspecto , un medio de vida o una fuente de vida, o bien un paso indispensable para alcanzar un medio de vida o una fuente de vida”[4].  Reduce todo el objetivo de nuestra ciencia a esto y de paso abandona el materialismo y abraza el agnosticismo, pues considera la verdad como todo aquello que es prácticamente útil, ventajoso.

 

Aquí, sería absurdo  e inútil poner de manifiesto a todos los geógrafos subjetivistas; sin embargo, lo que sí es importante señalar, es que la gran mayoría, trueca la objetividad como exigencia metodológica  por el “utilitarismo” en o de la Geografía.  Pero además, el espacio geográfico no se le considera por él mismo, en todas sus propiedades internas, sino que es espacio terrestre en la medida que sirve para algo a la humanidad, y es por eso que consideran a la Geografía  como ciencia social.  Su miopía no visualiza que el objeto existe en sí mismo, y que conforme aumenta nuestro conocimiento  sobre él, se convierte en “cosa para nosotros”.  ¿O qué, la Física o Biología, siendo ciencias de carácter natural no sirven para la humanidad con sus aportes; necesitan ser sociales para lograrlo?

 

Mientras que en la Geografía positivista o neopositivista se entiende que el problema del reflejo de la realidad objetiva en sus conceptos, carece de validez científica o representa un problema absurdo o ignorado, en la Geografía del espacio terrestre; cuya teoría del conocimiento está fundamentada en la solución dialéctico materialista del problema gnoseológico básico; se entiende por los resultados de la actividad cognoscitiva, la explicación de su objeto, la determinación de qué aspectos, propiedades, regularidades y nexos del espacio geográfico objetivo reflejan sus correspondientes conceptos y cuál es su valor gnoseológico; o sea, qué papel desempeñan en nuestro proceso cognoscitivo y cuál es su grado de veracidad.

 

La Geografía como ciencia que responda a las exigencias contemporáneas de la sociedad mexicana, no podrá desarrollarse si se aparta de su teoría del conocimiento basada en el principio del reflejo activo, en la concepción materialista dialéctica del conocimiento.  A este respecto, habrá geógrafos sicofantes que tratarán de desacreditar este principio.  De hecho, los geógrafos “académicos” hacen creer, basados en su idealismo servil e incompetente, que los principios y fórmulas verdaderamente científicas de nuestra disciplina, lejos de constituir el reflejo de la naturaleza del espacio geográfico, son construcciones arbitrarias del sujeto, que, por tanto, el “objeto” de esta ciencia es cualquier otro: las geoformas, los climas y su relación con la agricultura, la superficie terrestre, etc.

 

Ninguna teoría emergente y coyuntural podrá desmentir y sustituir la teoría del espacio como piedra angular de nuestra ciencia.  Mucho menos si está en su base la asimilación metodológica del materialismo dialéctico y las conclusiones físicas y geométricas contemporáneas sobre el espacio en general.

 

Fue necesario esperar los avances científicos de los últimos tiempos, principalmente en el campo de la Filosofía, de la Geometría, y de la Física, para obtener las consiguientes conclusiones en el ámbito de la Geografía.

 

El espacio geográfico como orden de distribución de los objetos que coexisten simultáneamente, pudo concebirse como tal, gracias a la asimilación de las conclusiones principales de las geometrías no euclidianas y de la teoría de la relatividad.

 

Las ideas de Riemman, Bolilla, Gauss y Lobachevski, desempeñaron un inmenso papel en la creación de la teoría científica sobre el espacio, y de paso refutaron, con el descubrimiento de las geometrías no-euclidianas, la doctrina idealista sobre el espacio como forma extraexperimental de la percepción sensorial postulada por Kant en el siglo XVIII.

 

Del mismo modo, la Teoría de la Relatividad de Einstein formulada a principios del siglo XX, contribuyó para estructurar consecuentemente la teoría del espacio, donde este último no dependía en absoluto de la materia y el movimiento.  Así también, la Teoría de la Relatividad “llenó” el espacio considerado como vacío desde los atomistas griegos (Demócrito y Epícuro) hasta los naturalistas del siglo XX, lo “hizo” relativo, heterogéneo, y lo “puso” en movimiento.

 

A partir de dichos descubrimientos la concepción del espacio cambió; por lo tanto, lo mismo debía pasar con la concepción del espacio geográfico.  Era cuestión de tiempo.  En asimilación metodológica de las conclusiones de la Teoría de la Relatividad, el espacio geográfico es real y continuo tridimensional; no es ni la Tierra ni la superficie terrestre como se supone; pero además, no existe por él solo, separado por esta materia que le determina, sino que se encuentra en una interconexión de dependencia con ésta, constituyendo un todo único y diverso.

 

Las propiedades y la estructura de este continuo tridimensional que estudiamos, cambia en dependencia con la distribución (o aglomeración) de su sistema material (la Tierra y la superficie terrestre, y todos los objetos que la constituyen), y de su campo gravitacional que engendra; es decir, que las propiedades espaciales dependen de la naturaleza física de los cuerpos y procesos materiales constituyentes de la superficie terrestre, naturaleza física que tiene relación con la esencia diversa de los objetos interactuantes.

 

Por tanto, si en la Geografía se estudian esos objetos en virtud de esclarecer sus interacciones externas y no su interioridad fenomenológica como fin último, planteamiento muy común en la actualidad en todo el mundo.

 

El movimiento, en forma de nexos externos, de todos los objetos que componen la superficie terrestre en la esencia del espacio que determinan.  Ambos –espacio y cosas– son inseparables, y este hecho constituye un manifestación de la universalidad del espacio, donde nuestro objeto de investigación es una de las formas de existencia de un nivel determinado de movimiento de la materia, precisamente, la que corresponde a la superficie de la Tierra en sus infinitas interrelaciones.

 

De entrada, todo lo anterior podría aparentar un absurdo para tomarlo como objeto de estudio de los geógrafos, sobre todo si se toma en cuenta el contenido de la Geografía tradicional.  Pero no debemos olvidar que este es el resultado del inmenso dominio de siglos de las tendencias idealistas diversas –que por cierto han demostrado atributos estrictamente científicos en este campo del conocimiento–, o de los diversos geógrafos materialistas que no supieron resolver consecuentemente la contradicción básica de su ciencia; esta es la definición científica de su objeto de estudio y actividad, a partir de la unificación (superación dialéctica) de la lucha de opiniones existentes en toda la trayectoria histórica de la Geografía.

 

Además, las conclusiones expuestas más arriba ya no parecen tan absurdas si las encaramos con un manejo suficiente del principio del reflejo activo, ya que el contraste de nuestros conocimientos de nuestro objeto (como reflejo activo) con el propio objeto, en cualquier momento, servirá de base para apartarnos de todo subjetivismo acientífico.

 

La objetividad en el estudio incluye a su vez el principio de concreción, que nos prescribe que además de tener en cuenta la objetividad en el análisis, también encaramos todos los conceptos y principios generales de nuestra ciencia, gracias a las cuales logramos una intelección más certera del espacio geográfico, sólo como guías que nos indican los modos para lograr una penetración más profunda en su naturaleza interior, en su esencia.

 

Las categorías filosóficas que juegan un papel muy importante en la concreción, que además representan verdaderos métodos de investigación valiosísimos, son lo abstracto y lo concreto.

 

Aquí debemos distinguir entre la diferencia relativa de lo abstracto y lo concreto y su interrelación necesaria, como también distinguir entre lo concreto como la interconexión objetiva de los aspectos de una cosa, y lo concreto como el reflejo de esta interconexión.

 

Nuestro objeto de estudio como realidad material, como realidad objetiva percibida por los sentidos, es el portador, el sujeto de lo concreto.  La interconexión objetiva de la superficie terrestre material y el espacio determinado por las relaciones externas de los objetos coexistentes, es lo concreto del espacio geográfico; mientras que el reflejo de esta interconexión real expresada en un sistema de categorías (relación, conexión, localización, distribución, extensión, límites, etc) que reproduce el contenido objetivo de aquel, es lo concreto en nuestro conocimiento.

 

Como el espacio geográfico es un sector  de la realidad objetiva, precisamente el sector de nuestro quehacer científico, de un modo u otro, al estructurarlo en sí mismo, lo separamos de todo lo material.  Aquí lo abstracto se opone a lo concreto.

 

Lo abstracto de dicho objeto es expresión del carácter incompleto, no desplegado, no desarrollado y limitado de éste, como parte integrante del mundo objetivo.  Entonces, nuestro conocimiento abstracto se opone a nuestro conocimiento concreto porque significa algo unilateral.  Especifica sólo las relaciones externas o espaciales de los objetos que constituyen la superficie terrestre y todas las manifestaciones que determinan la estructura, propiedades y leyes del desarrollo del espacio; pero no fija al mismo tiempo, las conexiones con otros sectores diversos del todo, y con el condicionamiento específico de éste.

 

En virtud de que el conocimiento geográfico aspira a un estudio de cientificidad; y en la medida que parte del estudio de diversos objetos para formular la diversidad de interacciones externas y determinar la esencia del espacio geográfico, aquel debe lograr la reproducción del todo explicado; no sólo en las relaciones internas de este espacio, sino en todas sus interacciones multilaterales (principio de multilateralidad que habremos de desarrollar en otro trabajo); es entonces, cuando el conocimiento abstracto como el conocimiento concreto, separados metafísicamente, de poco ayudan; he aquí una característica de casi todos los geógrafos.

 

El único modo que hay que para reproducir teóricamente nuestro objeto de actividad como un todo en la conciencia, es la ascensión de lo abstracto a lo concreto.

 

El ascenso de lo abstracto a lo concreto constituye la forma universal del despliegue del conocimiento geográfico y de reflejo sistemático del objeto en los conceptos.  Implica el modo de enlace entre todas las categorías  y conceptos propios de nuestra ciencia en un sistema íntegro.  Este sistema científico de conceptos refleja el desmembramiento objetivo de las relaciones, hechos, propiedades y regularidades internas del espacio geográfico, como las externas que de cualquier manera intervienen en él.  Pero al mismo tiempo, refleja la unidad de todos estos aspectos.

 

El ascenso de lo abstracto a lo concreto presupone el movimiento inicial de lo concreto a lo abstracto.  Supone que la contemplación viva –o por medio de mapas y otros instrumentos y documentos–, de los objetos que componen la superficie de la Tierra o parte de ella; y otros con los con los cuales tiene relación nuestro objeto; se pasa a lo abstracto, donde se forman los conceptos que reflejan los distintos aspectos y propiedades que pueden comprenderse en su esencia y valor, debido a que se consideran como elementos de todo el sistema material de la superficie terrestre, en primera instancia, y en general, por el movimiento y desarrollo del mundo material.

 

 

La Actividad del Sujeto en el Proceso

del Conocimiento Geográfico.

 

La teoría marxista del conocimiento geográfico pone de manifiesto que dicho conocimiento es el reflejo en la conciencia, del espacio geográfico, que existe fuera e independientemente de la humanidad; pero al mismo tiempo, exige que nosotros como individuos no actuaremos pasivamente, son activamente en el proceso de su cognición.

 

La conclusión fundamental de que el objeto existe independientemente del sujeto, no quiere decir que este último constituye algo pasivo, ese ente que sólo aprehende los influjos desde fuera como individuo aislado, sino al contrario, que el sujeto transforma activamente al objeto, por lo que se encuentran en interacción, cuya base es la práctica social.

 

El tratamiento de las categorías filosóficas del sujeto y el objeto ayudarán a esclarecer este asunto sumamente importante[5].

 

Sujeto es el individuo o grupo social actuante y cognoscente, poseedor de conciencia y voluntad.  Objeto es algo a lo que se orientan los diversos tipos de actividad (incluida la cognoscitiva) del sujeto.

 

Debido a la interacción existente entre el objeto y el sujeto  debemos distinguir entre realidad objetiva, objeto y objeto de conocimiento, así como entre actividad en general (práctica social como conocimiento empírico-espontáneo) y actividad científica.

 

Los aspectos y propiedades de la realidad objetiva se convierte en objeto, precisamente, en la actividad práctica material de la sociedad en su conjunto y a través de su desarrollo.  La transformación del objeto, en la actividad práctica y científica del sujeto, permite reproducir, en la conciencia, el contenido de la realidad objetiva, convirtiéndose el objeto en objeto de conocimiento.

 

Se deduce que el ser humano no actúa en forma independiente o arbitraria en su actividad práctica, pues el objeto pone determinados límites a esta actividad y, por lo tanto, es aquí cuando surge la necesidad del sujeto, de hacer al objeto material de su conocimiento; conocer sus regularidades, para coordinar con estos su propia actuación, puesto que sus objetivos se forman en correspondencia con la lógica del desarrollo de la realidad objetiva y están condicionados, objetivamente, por las necesidades del sujeto y el nivel de desarrollo de la producción.

 

En apariencia, los geógrafos idealistas pragmáticos y los materialistas funcionalistas, que se identifican en este problema, pareciera que coincidieran con el materialismo dialéctico.  Sin embargo, aquellos niegan la realidad objetiva, porque niegan, explícita o implícitamente, que exista fuera de nosotros.  Para éstos sólo existe un material indefinido al que pueden de un momento a otro  dar forma.  Comprenden la práctica de modo extraordinariamente subjetiva, precisamente como la construcción a voluntad de la realidad objetiva y, por lo tanto, de la verdad; no como la transformación del mundo externo orientado a un fin, con base en sus leyes propias de movimiento y desarrollo, a las necesidades sociales y al nivel de avance de la producción.

 

Los resultados del proceso cognoscitivo en la Geografía no se logran con una actitud pasiva , sino por medio de la actividad cognoscitiva.  El principio del reflejo activo nos previene de que la obtención de los datos reintegren por medio de exigencias interrelacionadas: extracción activa de los datos cuando son necesarios, cuando reflejan el espacio geográfico objetivamente y, la exclusión de datos accesorios e innecesarios.

 

La actividad cognoscitiva es la diligencia realizada en nuestra ciencia con el fin de adquirir nuevos datos que enriquezcan el conocimiento del espacio geográfico, ahondar en su estructura y encontrar la leyes que rigen su desarrollo.  Algo muy importante es que esta actividad debe apoyarse en los conocimientos teóricos e históricos, verificados y verificables, sobre el objeto de estudio.

 

Los datos verificados sirven de premisa para orientar el carácter de nuestra actividad cognoscitiva, pero lo que a su vez, son datos auténticos.  Aquí la actividad realizada sirve para corroborar en la práctica la autenticidad de tal o cual parte de la teoría.  Sin embargo hay otros tipos de juicios que aún no han sido verificados o confirmados.  Son las hipótesis, que tiene (o deben tener), el carácter de confirmables, y que mediante esta actividad, son rechazadas como falsas, total o parcialmente, o asimiladas totalmente en la teoría como verdaderas.

 

Los cambios producidos en la actividad cognoscitiva y como resultado de ello son distintos a los cambios reales producidos en nuestro objeto y hay que saber distinguirlos.  Los cambios en el espacio geográfico se dan con base en sus propias leyes internas del desarrollo, con base en sus contradicciones objetivas, destacando la existente entre las interacciones naturaleza-sociedad, como un sinnúmero de objetos, procesos de la superficie terrestre en sus relaciones externas, y el espacio que determinan y con el cual interactúan.  En contraste, los cambios producto de nuestra actividad se dan por el desarrollo propio del conocimiento, la obtención de nuevos datos surge por medio de experimentos, observaciones y mediciones, en los que actúan empíricamente con el objeto de estudio, como también por la formulación, negación y verificación de hipótesis.

 

Un error de las geografía idealistas, es no saber diferenciar entre la actividad práctica (de la sociedad y en general) y la actividad cognoscitiva (científica), y mucho menos el poder distinguir la diferencia entre los cambios en su actividad científica y los producidos en el objeto de su conocimiento.

 

La primera diferencia es posible vislumbrarla sólo desde la perspectiva del materialismo dialéctico.  Mientras que en la actividad cognoscitiva el objeto el objetivo principal es la obtención de conocimientos, en la actividad práctica-social, se culmina con la creación de nuevos objetos materiales, de consumo o medios de trabajo; y que ambos tiene resultados diametralmente opuestos.

 

La práctica tiene que ver directamente con la producción en el proceso de trabajo, es decir, con los objetos que participan en el proceso.  La actividad cognoscitiva, por su parte, está dirigida a los objetos que no necesariamente están relacionados directamente a la esfera de la actividad productiva, aunque al fin de cuentas, esté condicionada por sus exigencias.

 

Así pues, no deben confundirse la Geografía como ciencia en su forma especial del proceso del conocimiento, cuyos elementos fundamentales tienen las cuatro características siguientes:

 

1) Un grupo especial de la sociedad, formado por diversos especialistas, es el que realiza la actividad cognoscitiva de esta ciencia, en forma de investigación científica, la cual constituye el fin social de ese grupo y, al mismo tiempo, la historia de la Geografía se subordina a la historia de este modo especial de actividad, a diferencia de la actividad empírico-espontánea (intuitiva), que es realizado en el proceso del trabajo de grupos sociales enteros.

 

2)  En la Geografía se creado o adaptado los medios de conocimiento propios, que son: a) los materiales, que van desde los institutos de investigación hasta los instrumentos (brújula, plomada, sextante, teodolito, etc); b) los matemáticos, como los métodos de cálculo, medición, proyecciones cartográficas, etc, y, c) los lingüísticos y lógicos, como la teoría de los sistemas y otros.

 

Estos medios pueden resolver tres tareas principales: a) transformar el comportamiento del espacio geográfico, parte de él, o parte de su sistema físico de referencia para mostrar las características, dependencias, condiciones de conservación o desaparición buscadas; b) medir características cuantitativas para contrastarlas con las cualitativas del espacio geográfico y de los propios objetos que le determinan en interacción; y, c) sin intervenir directamente sobre todo o parte del conjunto de nuestro objeto, observar sus características y cualidades, en donde la utilización del mapa es importante porque representa al espacio geográfico en forma simplificada y con similitud proporcionada.

 

3)  El papel de la Geografía es, no sólo buscar las soluciones en la aplicación práctica de los diversos conocimientos que proporciona, para el beneficio social, sino también buscar nuevos conocimientos que ayuden a la transformación progresiva de la realidad.

 

4)  Con la elaboración del sistema científico de categorías, la Geografía pasa a un nivel superior del conocimiento.  En este sentido, el estudio de los resultados de nuestra actividad cognoscitiva debe cumplir dos funciones: a) la trasmisión de nuestros conocimientos a quienes los aplicarán dentro de la Geografía con el objeto de obtener otros resultados, y b) la trasmisión de nuestros conocimientos para quienes los utilizan fuera de nuestra esfera científica, ya sea dentro de otra ciencia o dentro de la aplicación práctica en la esfera de la producción material.

 

La Geografía como cualquier otra ciencia, sólo en última instancia, está condicionada por el desarrollo social, pero su desarrollo propio está basado en su estructura interna, precisamente en la lucha de opiniones y su superación histórico-lógica.  Si no se resuelve consecuentemente esta contradicción básica, tampoco se podrán resolver otras contradicciones internas o externas, pues resultará acientífico.

 

El motor de la Geografía radica en la lucha entre dos tendencias que se han venido sustituyendo en la historia de esta actividad hasta los últimos tiempos[6].  No es difícil comprobar que ambas tendencias fundamentales en la Geografía resuelven de modo distinto las interacciones y dependencias que hay en nuestra actividad cognoscitiva, los medios de conocimiento, nuestro objeto de estudio y los resultados de esta actividad.

 

La síntesis dialéctica de ambas tendencias estructurada en la teoría materialista del conocimiento geográfico logrará la superación de la Geografía, colocándola en el carácter de ciencia que cumpla las exigencias de desarrollo social.

 

Pero se requiere más.  Se requiere de una división bien fundamentada y planificada del trabajo científico: 1) los geógrafos que se distinguen (y de hecho en su inmensa mayoría lo hacen en la actualidad en México) a las investigaciones experimentales (empíricas) que resuelvan las tareas prácticas en general, que formulen y realicen las observaciones, las mediciones y experimentos; resuelvan con base a modelos la transformación del espacio geográfico para conocerlo, y comprueben experimentalmente las hipótesis y teorías diversas; 2) los geógrafos dedicados a las investigaciones teóricas (no menos objetivas o científicas), que solucionen las tareas teóricas como el planteamiento de hipótesis, formulación de leyes, crítica a los problemas, etc; y 3) los geógrafos dedicados a la construcción, fundamentación, y aplicación de los medios de conocimientos y junto con los anteriores, plantear y resolver la metodología propiamente geográfica.

 

Los resultado obtenidos, sin la interconexión dialéctica de las especializaciones de los geógrafos enumeradas anteriormente, serán parciales y pobres, pues habrá problemas científicos que no tengan solución pronta y para solucionarlos se requerirá mucho esfuerzo, pero, además, surgirán otro tipo de problemas cuya manifestación quedará sin control.  ¿No es esta una sintomatología de la Geografía en la actualidad, por lo menos en México?

 

El problema científico surge por las necesidades del conocimiento geográfico cuando no es posible explicar  tal o cual dato surgido  en el proceso del conocimiento y presupone que aún no se conocen los métodos y los medios de su solución, aunque sin embargo, para su planteamiento, se parta de los datos anteriores, de hecho verificados y establecidos.  Por lo tanto aquí, el objeto de estudio del geógrafo no será el espacio directamente, sino la exigencias del problema geográfico; en donde la formulación teórica  de los principios con todas sus exigencias adquirirá su real valor, pues ya no serán “abstractos” como muchos lo pretenderán.

 

Los principios son importantes, entonces, porque en el problema científico, el geógrafo, aparte del análisis sobre los conocimientos establecidos en la teoría correspondiente, debe estudiar los diversos métodos y medios del conocimiento, y las posibles soluciones de éste, ya sean cercanas o lejanas.

 

Con respecto al carácter del objeto a resolver, de nuestro objeto de estudio real y del principio del reflejo objetivo, en la disciplina que nos ocupa, para lograr suficiencia, debieran de existir  tres tipos principales de investigación.

 

1) Las investigaciones teóricas fundamentales, cuyos problemas son complejos en su resolución.  Este tipo de investigación se dirige a la problemática de la búsqueda de nuevas explicaciones, enfoques, caminos y métodos del estudio del espacio geográfico; problemas antes no visualizados ni solucionados.

 

2) Las investigaciones teóricas dirigidas a un fin, que tiene que ver con los problemas teóricos ya formulados con antelación.  Están dirigidas a la crítica científica de las soluciones planteadas y a la comprobación, modificación y corrección de los datos anteriores del conocimiento.  Sin este tipo de investigación y más, sin una óptima labor, no se podrían llevar a cabo las investigaciones teóricas fundamentales.

 

Cuando los hechos demuestran que las teorías existentes ya no se pueden sostener, los geógrafos tiene que hacer una crítica dialéctica de ellos, lo que implica buscar estructurar la teoría de un modo más consecuente con la realidad, que refleje más certeramente el objeto.

 

En el estado actual del conocimiento geográfico, con el dominio de las investigaciones idealistas y materialistas inconsecuentes, la teoría materialista dialéctica del conocimiento geográfico es una teoría que supera científicamente esos enfoques.  Por un lado, hace una crítica devastadora de la Geografía positivista y neopositivista, pero al mismo tiempo las construye dialécticamente, por lo que forma parte de las investigaciones dirigidas a  un fin, es decir, resuelve los problemas cardinales de nuestra ciencia.  Por otro lado, por ser una teoría diametralmente opuesta a aquellas, y nueva en el sentido histórico, se sitúa como la investigación fundamental.

 

3) Las investigaciones aplicadas a la utilización práctica de las teorías e hipótesis formuladas con anterioridad[*].

 

En la geografía dominante en la actualidad, prácticamente en México, es abrumadora la cantidad de trabajos que se refieren a este tipo de investigación, lo que provoca el ambiente de que éste es el único fin científico de nuestra disciplina, pero además, se menosprecia y desacredita (¿por falta de autoridad?) a quienes nos esforzamos por ponerlo en pie, afirmándosenos rotundamente que la actividad cognoscitiva de la geografía, se reduce solamente a este tipo de investigación, y no aceptándose que debe responder a una interconexión de tres tipos.

 

Últimamente en México, a partir de la segunda mitad del presente siglo, algunos geógrafos, entre los que destacan brillantemente Jorge A. Vivó Escoto y Ángel Bassols Batalla, y con menor grado Carlos Sáenz de la Calzada y el Ing. Jorge L. Tamayo, se dieron cuenta de que todo en Geografía, no es este tipo empírico de investigación, e intentaron la valiosa tarea de desarrollar los dos primeros tipos de ella; tendiendo, en su momento, su respectiva autoridad y la oportunidad de “sacar” a nuestra ciencia de los problemas que ha vivido.  Su mayor virtud es haber realizado este intento, cosa que la gran mayoría no hemos logrado, evidentemente, pues parodiando a Federico Engels, abrumados por los árboles, no alcanzamos a ver el bosque.

 

Estos científicos, aunque siguen teniendo eco en otros geógrafos (el autor se encuentra entre los bassolianos hasta poco tiempo después de egresar del Colegio de Geografía de la UNAM, en 1995), y que sus teorías tienen gran importancia en la historia de la Geografía mexicana, no son ni intocables ni invulnerables.

 

La mayor crítica que se  les puede hacer, es que con sus aportes no han resuelto completamente las contradicciones fundamentales de la Geografía, a pesar de su respectiva oportunidad y autoridad.  Lo importante es que son sus teorías, casos límite de la teoría materialista del conocimiento geográfico y las desarrollaron suficientemente, pero nada más; es casi imposible que sus discípulos que siguen al pie de la letra sus teorías, hagan un intento de superación lógico-histórica de éstos.

 

Los problemas fundamentales de la Geografía no se resuelven con un estudio sistemático, enciclopédico monográfico y brillante del sistema de referencia del espacio geográfico, sino de este último.  No se logra mediante la aplicación sistemática de la sociología marxista[b], sino con la asimilación metodológica de la filosofía marxista.  Mucho menos se puede lograr con la acumulación de estudios particularísimos inconsecuentes o con “soluciones al vapor” nacidas de las situaciones coyunturales donde lo que se trata de resolver son las “crisis” de los geógrafos idealistas o materialista inconsecuentes, como por ejemplo, los fallidos intentos de obtener “de un día para otro” y sacados de cualquier lado, los programas de estudio o los proyectos de investigación institucionales que parezcan más científicos y más acordes con las exigencias sociales.

 

Las soluciones de las contradicciones básicas de nuestra ciencia, a nivel general y en principio, sólo se logra definiendo certeramente al espacio geográfico como objeto de estudio, resultado de la síntesis dialéctica de la lucha de ideas como la contradicción histórica principal de la Geografía.  Todo ello, mediante la asimilación metodológica consciente y consecuente del único método científico del conocimiento, la dialéctica materialista,  con la aprehensión de la teoría general del espacio proporcionada por las ciencias subordinantes: Física, Geometría , Astronomía.  Al mismo tiempo a través del análisis, severo y objetivo, del desarrollo histórico de la Geografía, pues éste nos enseña qué es nuestra ciencia y cuál su objeto.

 

A nivel particular, pero esencial, las soluciones reales se logran sobre la base de una participación más amplia de los geógrafos sobre este punto, aunque tengan diversas tendencias cosmovisivas.

 

Los geógrafos positivistas o neopositivistas y los estructural-funcionalistas, evidentemente no visualizaron este asunto, puesto que se han dedicado a todo menos a “hacer Geografía”.  Ya que, dando traspiés, nunca resolverán el problema fundamental de su ciencia; en la medida en que fueron incapaces de resolverlo, se dedicaron al estudio de cualquier cosa del sistema de referencia del espacio geográfico, por pensar que esto era geografía, pero nunca a esto último, y los que lo abordaron, lo hicieron y hacen sólo como marco teórico para no perder de vista sus raíces, pero teniendo como fin cualquier otro asunto.  Por lo tanto, absorbidos por sus respectivos ámbitos de trabajo perdieron de vista los problemas más importantes de su ciencia original y, de cualquier modo, verán con desdeño cualquier intento que se haga por resolverlos verdaderamente, y más si esta solución, reclama esfuerzos mentales mayores y conocimientos más amplios.

 

Por el momento, la importancia de todas las exigencias y reglas que nos prescribe el principio del reflejo serán de gran ayuda para todos los estudiosos de la Geografía –que espero que sean los propios geógrafos–, en el cumplimiento de nuestros objetivos científicos más importantes.

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Bibliografía.

 

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Broek, Jean O.M; Geografía, su Ámbito y su Trascendencia; UTHEA; México, 1967.

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Walker, Marshall; El Pensamiento Científico; Grijalbo, México, 1968.

 



[1] Hernández Iriberri, Luis Ignacio; Geografía: Fundamento de su Teoría del Conocimiento; Tesis, UNAM, México; 1983; p.11.

[2] Ibid. p.159.

[3] Pierre George; Los Métodos de la Geografía; Oikos-Tau, Barcelona, 1979; p.6.

[4] Pierre George; Geografía Activa; Ariel; Barcelona, 1980; p.20.

[5]      Ver “Sujeto y Objeto”; Diccionario de Filosofía; Progreso, Moscú, 1980; pp.413-414.

[6] “Espacial-cartográfica” y “fenomenológico-historiográfica”, llamadas certeramente por Luis Ignacio Hernández Iriberri, en Geografía: Fundamento de su Teoría del Conocimiento; Tesis, UNAM, México; 1983.

[*]      Este tipo de investigaciones incluyen, no sólo las que se quedan en un cierto nivel de investigación (practicada en los institutos y centros de investigación), sino también, las que están en contacto directo con la producción de medios de vida, que no se han desarrollado.

[b] Ahora llevada al basurdo, del que el mismo Marx no estaría de acuerdo: definir el objeto de estudo de la Geografía como el espacio social (¿?), o incluso, dándole unos toques más izquierdistas, con fines más políticos que científicos (más bien acientíficos), como resultado de la dominación imperialista.  Cualquiera que haya entendido algo de Economía Política marxista, calificaría a estos geógrafos, no defensores del proletariado, como aparentan ser, ; sino de materialistas vergonzantes, como diría Engels, pues, al considerar el espacio como lo que realmente pretende dominar la burguesía nacional y trasnacional, y no lo que domina, es decir, las relaciones de producción o de propiedad, implícitamente defienden las relaciones de producción capitalista, pues entienden por contenido la forma, negando rotundamente al proletariado, la posibilidad de liberarse de las relaciones burguesas de producción, causa fundamental de su encadenamiento.

 


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