Sistemática del Saber Científico Geográfico

Publicado en por Sociedad Mexicana de Teoría

Ilhuícac, SMTHG, 1990-copia-1

 


 

Sistemática del Saber Científico

Geográfico

 

Geóg. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

 

 

 

Introducción

 

Poco más de un lustro de estudio sobre este tema[a], nos ha dejado la satisfacción de un trabajo consistente que ha resistido hasta ahora toda refutación.

 

No quiere decir tanto que no contenga fallas, sino que las premisas falsas no han sido encontradas; y en una dirección opuesta a esta posibilidad, por lo contrario, se ha venido edificando toda una teoría sobre el verdadero saber científico geográfico.

 

Dicho resumen y generalización de esta disciplina de conocimientos se sintetiza en un último hecho: una geografía única, íntegra y en desarrollo.

 

La teoría de una geografía unificada a partir de sus dos corrientes fundamentales ha sido siempre el problema teórico-cognoscitivo más importante en geografía; sin embargo, no es sino hasta nuestro momento histórico en que estamos en posibilidad real de resolverlo.

 

El presente trabajo es el primero con el cual  nos permitimos encaminarnos directamente hacia ese objetivo.  Pretende, en consecuencia, ser una máxima generalización del proceso de sistematización del conocimiento geográfico.

 

La problemática teórico-orgánica o estructural de la geografía, por toda su historia, ha sido la de su unidad y la integración de sus conocimientos.  La falta de una estructuración y sistemática del saber geográfico, ha determinado la no-resolución de su unidad e integridad.

 

En dos formas se ha expresado históricamente el saber geográfico: las Relaciones Geográficas, y la Cartografía; sólo en época muy contemporánea se ha desarrollado la teoría de modelos.  Cada una de estas formas de expresión del saber geográfico ha contribuido al desarrollo de los métodos de la sistematización del conocimiento hasta ahora, fundamentalmente centrados en el terreno de los métodos empíricos, no obstante, éstos son la base necesaria del desarrollo de los métodos teóricos, en torno a los cuales tiende a avanzar hoy en día el saber geográfico.

 

Para este avance sistemático y consciente , será ineludible el minucioso y laborioso rescate histórico de hipótesis y teorías formuladas en otros tiempos, las cuales nos den un hilo conductor de la sistemática del saber científico geográfico, nos muestren los problemas planteados, la forma en que se han resuelto, y aquellos aún no desentrañados, los cuales son ahora nuestra responsabilidad.

 

Alcanzar el rango de ciencia rigurosamente definida, en su forma contemporánea, como un sistema de teorías y un conocimiento sujeto a leyes, es el objetivo más trascendental de las nuevas generaciones de geógrafos.

 

A este magno trabajo dirigido, le hemos denominado genéricamente: “teoría unificada de la geografía”.  Un primer bosquejo de ella se presenta en este ensayo.

 

 

La Unidad e Integridad

del Conocimiento Geográfico.

 

Ciencia es, en términos generales, conocimiento sistemático ceñido a ciertas condicionantes.  Todo conocimiento se inicia con el desarrollo de la capacidad de observación dirigida a algo; observación que al empezar a ser sistematizada, da lugar al proceso de descripción de aquello que metódicamente se observa.

 

La sistemática del saber científico geográfico, se inicia, pues, en ese proceso de observación dirigida y descripción, de medición y experimentación sobre su objeto de estudio observado y descrito; que se distingue de todo otro proceso de observación y descripción dado en cualquier otra ciencia especial, precisamente por la dirección en que tal observación se da: la del análisis espacial.

 

A lo largo de la historia del saber geográfico, el proceso de observación de lo espacial se ha expresado en dos grandes formas: a) las Relaciones Geográficas, y b) las Cartas Geográficas.

 

La “especialización” en uno u otro aspecto descriptivo de lo espacial, vinculada a ciertas concepciones filosóficas del mundo y de la metodología científica determinada por ésta, condujo una y otra vez en ciertos períodos de la historia  de la Geografía, a soluciones mecánicas de un antagonismo artificial entre sus grandes formas de experiencia de la observación geográfica (espacial).

 

Hoy en día, los estudiosos de la geografía somos no sólo testigos, sino partes actuantes en el menosprecio recíproco entre los “descriptivistas” (cuya tarea estadística, enciclopédica, es “perfectamente inútil”), y los “cartógrafos” (cuya “estrecha tarea es meramente técnica”), perdiendo de vista la vastedad de lo científico geográfico que involucra a ambos aspectos.

 

Ha faltado, pues, una consideración de conjunto, no sólo de las partes integrantes que expresan un saber geográfico, sino de la estructuración de la sistemática del saber geográfico en su desarrollo histórico desde sus orígenes más remotos; desde el momento en que operó en la mente de los primeros seres pensantes ese proceso de abstracción y generalización que dio lugar al conocimiento de lo geográfico, hasta el desarrollo de sus hipótesis, teorías, establecimiento de leyes, y previsión científica acerca de la evolución del objeto de estudio.

 

No pretendemos tan enorme labor en tan breve escrito, no obstante, nos permitiremos bosquejar en su forma más generalizada esos elementos, intentando mostrar la naturaleza de esa geografía única, íntegra y en desarrollo.

 

 

El Levantamiento de Relaciones Geográficas.

 

A esa tarea de descripción de lo observado es a lo que genéricamente se dio en llamar (a partir de 1577) levantamiento de Relaciones Geográficas.

 

En la Relación Geográfica se condensa pues, toda esa etapa inicial del conocimiento científico en esta especialidad.  La Relación Geográfica es una descripción que supone una observación metódica dirigida a un fin; y en todas ellas, de uno u otro modo hay una cuantificación, una medición, y en algunos casos, la muestra de hechos experimentales.

 

La Relación Geográfica tiene dos aspectos esenciales de fundamental importancia en la obtención del conocimiento científico en esta especialidad: 1) el acopio de información (la estadística) sobre el lugar y situación de las cosas (independientemente de su naturaleza), es decir, sobre su localización y distribución, sobre sus límites y extensión, y sobre sus posibles conexiones y relaciones, por lo que a su vez también, 2) la detección de las regularidades del espacio geográfico.

 

Tuvimos oportunidad de hacer un primer ensayo clasificatorio de las Relaciones Geográficas en un trabajo para el I Congreso Mexicano de Historia de la Ciencia y la Tecnología (septiembre, 1988), y en ello seguimos los principios de la objetividad y el paso de lo general a lo particular, sobre la base de un criterio: la sucesión cronológica.

 

Y así se tiene que, aparte del caso excepcional de Diego de Landa y su “Relación de las Cosas de Yucatán” de 1566; trabajos entre 1591 y 1606, como los de Juan de Cárdenas, “Primera parte de los Problemas y Secretos Maravillosos de Indias” (1591); de Joseph de Acosta, “Historia Natural y Moral de las Indias” (1596); de Thomas Gage, “Un Panorama de las Indias Occidentales” (1600); y por último, el de Enrico Martínez, “Repertorio de los Tiempos e Historia Natural de Nueva España” (1606).  Es decir, descripciones generales, de conjunto, del llamado “Nuevo Mundo”.

 

Luego algunas Relaciones Geográficas Regionales entre 1618 y 1637, como las de Diego Cisneros, “Sitio Natural y Propiedades de la Ciudad de México” (1618); de Antonio de la Ascensión, “Relaciones de Viaje de Sebastián Vizcaíno en 1602 a California” (1620); y de Fernando de Cepeda y Fernando del Castillo, “Relación Universal del Sitio de la Ciudad de México” (1637).

 

Más de medio siglo después se hacen necesarias nuevas descripciones generales, y aparecen las Relaciones Geográficas de Agustín de Betancourt, “Teatro Mexicano” (1698); y de Pedro de Rivera, “Viaje al Septentrión de Nueva España, 1724-1728” (1728).

 

Entre 1730 y 1775 se mezclan las descripciones generales con las regionales, y así se tienen, de Antonio Villaseñor y Sánchez, su “Teatro Americano” (1746); o de Vicente de Santa María, “Relación Histórica y Descriptiva de la Colonia de Nuevo Santander y Carta del Seno Mexicano” (1750); de Nicolás Lafora, “Viaje al Septentrión de Nueva España” (1766);o de Antonio de Alzate “Descripción de Sonora” (1768); de Antonio de Ulloa, “Noticias Americanas” (1722); y, finalmente, de Alonso O’Courley, su “Idea Compendiosa del Reino de Nueva España” (1774).

 

A partir de aquí, las Relaciones Geográficas comienzan a tener incipientemente otro contenido.  La información acumulada permite mostrar las primeras regularidades en el comportamiento de los elementos del espacio geográfico, y aparecen los primeros trabajos prehumboldtianos en los que ya no bastaba la riqueza “descriptivista” y enciclopédica, y se adoptaron otros recursos de sistematización del conocimiento, como la medición y la experimentación, en áreas más especializadas.

 

Ejemplo de ese nuevo período son los trabajos como el de Francisco Velásquez de León, “Descripción Histórica y Topográfica del Valle, las Lagunas y Ciudad de México” (1775); o de Antonio de Ulloa, “Descripción Geográfico-Física de una Parte de la Nueva España” (1777); hasta llegar a Alejandro de Humboldt y su “Ensayo Político del Reino de la Nueva España” (1811).

 

La primera mitad del siglo XIX, por necesidades económico-políticas de México, se vuelve a las Relaciones Geográficas “descriptivistas enciclopédicas” como las de José Mª Narváez, “Descripción Monográfica de Jalisco-Coahuila-Zacatecas” (1813-1822); o de Tomás Ramón del Moral, “Descripción Monográfica de la Ciudad de México y Estado de México” (1877); o el de Domingo Orvañanos, “Ensayo de Geografía Médica y Climatológica de la República Mexicana” (1890); estudios que ya presuponen el desarrollo de ciertas hipótesis y teorías geográficas; aun cuando ciertamente éstas no se generalizan ni siquiera al grado de manejarse como tales, y mucho menos en leyes.

 

 

El Levantamiento Cartográfico.

 

El Levantamiento Cartográfico es equivalente al levantamiento de Relaciones Geográficas, es decir, es otra forma de lo mismo: la descripción del espacio geográfico, producto de la observación con más énfasis, dirigida al conocimiento de su forma y dimensiones, de la medición exacta.

 

El Levantamiento Cartográfico, a diferencia del de las Relaciones Geográficas, es que aquel presupone a éste, y a la vez hace más objetiva las conexiones y relaciones; de modo que es a partir del Levantamiento Cartográfico que se hacen más evidentes las regularidades que revelan ciertas propiedades del espacio geográfico.

 

Por lo demás, la Carta Geográfica es un documento analítico que permite aún más el desarrollo de los elementos de sistematización del conocimiento en lo que se refiere a la medición y experimentación, en su forma de modelaje o simulación.  La Carta Geográfica es una reproducción proporcional o a escala, del espacio terrestre real, determinado no sólo cuantitativa o métricamente, sino como un complejo matemático.

 

Ya Antonio de Alzate en su “Estado de la Geografía de la Nueva España y Modo de Perfeccionarla”[1] (1772), valoraba así la cartografía: “La descripción geográfica (...) del Globo Terráqueo; aquella viva representación que en poco papel presenta a la vista los dilatados espacios de su superficie...”[2]; y allí mismo decía con motivo de mejorar el mapa manuscrito de Carlos de Sigüenza y Góngora de un siglo atrás, refiriéndose a las Relaciones Geográficas: “El modo de remediar nuestra geografía, ínterin tenemos materiales propios para ello...”[3], manifestándose en ese sentido tanto porque solicitaba las Relaciones Geográficas elaboradas por cada Alcalde Mayor por Cédula Real desde 1577[b]; cuyo paradero era desconocido, como porque en tanto se las proporcionaran, e incluso independientemente de ello; proponía el método de levantar dichas Relaciones Geográficas valiéndose ahora de los párrocos.

Puede apreciarse así el valor de las Relaciones Geográficas para la misma cartografía.  La Cartografía es pues, un segundo paso en el proceso del conocimiento geográfico, una síntesis de las Relaciones Geográficas, no obstante la Carta por sí sola, descripción geográfica con rigor métrico.

 

Si tratamos de destacar dos de sus aspectos esenciales de fundamental importancia en la obtención del conocimiento geográfico, diríamos que: 1) es un documento de síntesis  del trabajo de levantamiento de Relaciones Geográficas, y 2) es a su vez, un documento con ciertos parámetros (escala, proyección) que le permite ser un documento analítico para el subsiguiente estudio de las propiedades del espacio terrestre.  Este tipo de estudios subsiguientes, no obstante, no han sido lo suficientemente racionalizados en una teoría del estudio del espacio geográfico como tal; lo cual está por hacerse.

 

A partir de la cartografía tienen lugar otras Relaciones Geográficas de mayor calidad y complejidad, en la medida de la profundización en el conocimiento geográfico, que a la vez ira dando lugar a una cartografía más exacta y de síntesis y simplificación de estudios más complejos.

 

Así, hemos tenido un desarrollo del conocimiento geográfico  desde el “Mapa General de la Nueva España” (1681-1689), de Carlos de Sigüenza y Góngora; al “Nuevo Mapa Geográfico de la América Septentrional Perteneciente al Virreinato de México” (1767), de Antonio de Alzate; a la cartografía de Miguel Constanzó, la de Nicolás Lafora, la rescatada por José de Escandón, la de Juan Antonio de Landizabal, la de Joaquín Velásquez de León, y la de Pedro Tamarón y Romeral.  Para de ahí pasar a la cartografía humboltiana, y con posterioridad, a la de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, y Comisión Geográfico Exploradora, entre otras instituciones; hasta llegar a nuestro siglo XX con la cartografía, primero, de la Dirección de Geografía de la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos, luego de la Secretaría de la Defensa Nacional, hasta finalmente tener la excelente cartografía de la Dirección General de Geografía del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática.

 

 

El Desarrollo de Modelos.

 

La sistemática del saber científico geográfico expresada fundamentalmente a través de los estudios expuestos en las Relaciones Geográficas o de la evolución de la cartografía  y otros recursos para el análisis espacial, ha avanzado con los modelos computacionales.

 

El carácter experimental de otras ciencias, es suplido en ciencias como la Astronomía o la Sociología, así como en la Geografía, por el diseño de modelos; es decir, simplificadamente, un esquema teórico-hipotético respecto del cual se estudia el comportamiento del objeto de estudio.  El modelo sirve pues, para someter al objeto de estudio a pruebas teóricas  experimentales, bajo determinadas variables controladas.  Nunca tendrá el mismo valor de exactitud y condición irrefutable que la prueba práctica experimental, pero responde al mismo procedimiento, que a la larga permite su verificación por prueba directa.

 

El Levantamiento de Relaciones Geográficas y el Levantamiento Cartográfico, que en otro tiempo no tenía otro fi que el conocimiento nominativo de cuanto existe, de su localización y distribución; posteriormente adquirió el fin del conocimiento cualitativo y cuantitativo para evaluar los potenciales de riqueza  en recursos naturales; más recientemente, bajo las nuevas presiones sociales y económicas, se ha presentado la necesidad de planificar el uso de esos potenciales.

 

El modelo o experimento teórico, como el experimento práctico, surgió como el modo de obtención de datos empíricos de mayor complejidad y sutileza, para prever los hechos.

 

En rigor, el modelo en geografía, es base de la posible experimentación, es una aproximación al experimento como tal; o primera etapa del mismo, su etapa preparatoria.

 

Con el desarrollo de la teoría de modelos, el proceso de formalización de hipótesis y teorías se ha fortalecido llevando a la geografía a otros planos del quehacer científico.

 

Los modelos, a su vez, pueden ser de análisis cualitativos o cuantitativos de mayor precisión.

 

La sistemática del saber científico geográfico, finalmente, se ha desarrollado en forma paralela a la de otras ciencias, no obstante, a diferencia de aquellas, en geografía no se ha realizado las generalizaciones suficientes en un cuerpo teórico único, y cuyas causas radican en la indefinición del objeto de estudio.  Ante esto, los modelos experimentales son igualmente indefinidos, heterogéneos, sin un sentido riguroso y preciso, acorde con las exigencias del proceso científico.

 

 

Análisis Espacial e Hipótesis.

 

Desde 1983[c] hemos definido el objeto de estudio dela geografía como el espacio mismo; esto define el tipo de modelos ya relativos a la investigación aplicada, ya experimentales concernientes al análisis espacial.

 

El modelo, como modelo de investigación aplicada, será para demostrar una aplicación teórica del saber geográfico a la solución de algún problema o aspecto de la realidad; pero el modelo, como modelo experimental, será para reproducir y controlar una serie de variables referentes a las propiedades del espacio.

 

De ahí que, en este punto relativo al análisis espacia y la hipótesis, la sistemática del conocimiento geográfico pasa de una metodología empírica (de observación expresada en Relaciones Geográficas; de medición expuesta en el Levantamiento Cartográfico; y de experimentación dado a través de modelos teóricos experimentales), a una metodología teórica (a su vez, del desarrollo de hipótesis, leyes y teorías).

 

Como decíamos en el apartado anterior, el desarrollo de modelos experimentales ha fortalecido el trabajo hipotético-deductivo en geografía; pero a la vez, allí mismo hacíamos ver cómo la indefinición del objeto de estudio hacía impreciso, y especialmente heterogéneo al referirse a múltiples especialidades, el trabajo de modelos; y, en consecuencia, de la hipótesis misma que se hace difícil ubicarla; y en el estado de la geógrafa actual, menos aún como hipótesis geográficas, es decir, como hipótesis correspondientes al análisis espacial propiamente dicho.

 

Hipótesis geográficas notables han sido, desde los primeros tiempos, la esfericidad misma de la Tierra; la simetría tanto del espacio geográfico en sí, como del sistema telúrico-físico de referencia; sobre las propiedades zonales, sectoriales y regionales del espacio geográfico; sobre las posiciones reales; sobre las delimitaciones correctas; sobre las magnitudes de las extensiones terrestres continentales u oceánicas; de las posibles conexiones regulares, y naturaleza de las relaciones en los elementos del espacio geográfico; hasta las muy recientes hipótesis acerca de las interrelaciones sociedad-naturaleza y el carácter del espacio geográfico y sus propiedades continuo-discretas.

 

Todas estas hipótesis acerca del análisis espacial, han sido sometidas a acopio de información, la mas de las veces por varios siglos (las relaciones Geográficas), han supuesto un severo trabajo de medición y precisión en cada época de la historia  del desarrollo de la técnica (el desarrollo cartográfico), y en su momento, los modelos teóricos y experimentales se constataron (desde el “Perimetrón” de Anaximandro,, el Globo Terráqueo de Crates, y siglos después de Behaim y Mercator).

 

Sobre su base se han desarrollado las que podemos considerar propiamente como teorías geográficas; las que tanto tiempo ha llevado definir, pues no hace mucho que a cualquier preocupación de cualquier especialidad proyectada en un problema de espacio (como acertadamente lo señalara Federico A. Daus), se le consideraba 2teoría geográfica”; por ejemplo, la tectónica de placas, la gradación o degradación de las unidades morfológicas; la valuación hídrica de una cuenca; las propiedades del océano; la clasificación de los suelos; los estudios de los tipos de vegetación; las formas raciales; las relaciones económico-sociales; la demografía; el urbanismo; etc.

 

Un aspecto fundamental ha sido la definición del objeto de estudio de la geografía, como el espacio en sí.  De donde toda hipótesis geográfica, es una hipótesis relativa a lo explícitamente espacial.  Esto no sólo ha permitido redefinir la interpretación de la historia de esta ciencia, sino entender cabalmente la sistemática del saber científico geográfico, y en función de ello, prever su ulterior desarrollo.

 

 

Teorías.

 

En el decurso de la historia de la geografía se ha ido despejando la naturaleza de su propio objeto de estudio, el cual, por su complejidad, se encontró siempre encubierto por otras ideas.

 

Del estudio del espacio terrestre entendido como la simple etimología de esta ciencia: la “descripción de la Tierra”; se profundizó el conocimiento geográfico como el estudio del conjunto descrito de los fenómenos naturales y sociales y sus relaciones; sólo muy próximo a nuestro tiempo, ha quedado claro que no se trataba en sí del estudio del conjunto descrito de fenómenos, sino a partir de ello, de sus propiedades espaciales, como sistema de referencia del estudio del espacio geográfico como tal.

 

Hoy podemos ya redefinir como teorías geográficas a las teorías planetarias y de simetría del espacio, de Anaximadro, Eratóstenes, Crates; a las teorías zonales de los “climas” de Ptolomeo; a las teoría sectoriales humboldtianas sobre la base de los descubrimientos marítimos de Cristóbal Colón, Andrés de Urdaneta, y el propio Alejandro de Humboldt; a las teorías de regionalización desde Alfred Hettner; y teorías geográficas más sutiles y complejas, acordes con la complejidad en el ahondamiento del conocimiento como las teorías posibilista de Vidal de la Blache, o su contraparte, la teoría del determinismo geográfico de Ratzel; hasta llegar a las teorías relacionistas, o teorías de percepción del espacio; así como, finalmente, de la teoría del campo-espacio ya en nuestro tiempo.

 

Esta definición de lo que hoy podemos entender como estrictas teorías geográficas, no siempre se valoraron en todo su contenido y extensión como tales, no siempre se reconoció la importancia de las teorías en la sistemática del conocimiento y saber geográfico.

 

Hoy en día es un acuciante problema  simplemente  no estudiado en geografía, y en ello radica su carencia de bases en una sistemática científica rigurosa.

 

No casualmente, la definición contemporánea de la ciencia supone en su base un sistema de teorías.  Y es lógico pensar que así sea, ya que es precisamente en el encadenamiento  de éstas que va cristalizando la labor del descubrimiento y el conocimiento humano acerca del mundo, a través de las infinitas generaciones de hombres de ciencia.

 

Toda generación de hombres de ciencia deja tanto un caudal de aportaciones en descubrimientos y desentrañamiento de la realidad , como un caudal no menos significativo de problemas no resueltos que lega a generaciones futuras.  Estas desarrollan sus propias teorías para intentar la explicación de esta realidad; en mucho resolverán estos problemas heredados, en gran parte no, y seguramente encontrarán nuevos problemas que no podrán resolver y trasmitirán a nuevas generaciones, cada una de las cuales retomando las viejas teorías, las examina, las analiza a la luz de la nueva tecnología y nuevos conocimientos en otras áreas del conocimiento, y, finalmente, sobre la base de su crítica, elabora los nuevos desarrollos teóricos para explicar viejos problemas no resueltos intentando su solución.

 

De ahí que una disciplina de conocimientos  sin memoria histórica acerca de dichas teorías y sus pormenores, estará muy lejos de erigirse en una disciplina de conocimientos lo suficientemente sistemática como para definirse como ciencia.

 

 

Leyes.

 

Resolver los problemas que se plantea la ciencia, es resolver las regularidades fundamentales bajo el aparente desorden, encontrar la armonía bajo el aparente caos.

 

Unas veces esas regularidades saltan a la vista con la breve repetición de los fenómenos; otras veces esas regularidades parecen incluso no existir dada la posible enorme magnitud temporal de su repetición.  Algunas veces la regularidad se aprecia por la escasa composición de elementos  que interactúan; otras veces pareciera no existir regularidad alguna ante la complejidad de la suma de elementos que entran en composición.

 

Cuando es posible predecir tal o cual repetición en su forma y en su tiempo, con sus causas y sus efectos, se está ante el establecimiento de una ley.

 

La misión de la ciencia básicamente enfila al descubrimiento y establecimiento de las leyes que regulan los procesos relativos a su objeto de estudio (y precisamente relativos a su objeto de estudio plenamente definido y no otro cualquiera).

 

Establecer la ley supone necesariamente una acumulación de datos, que será tanto más prolongada y tediosa, cuanto más aumente la complejidad del fenómeno cuya regularidad se pretende desentrañar.  Acumular esa información no sólo deberá consistir en el registro estocástico, sino en su medición y en su sometimiento a pruebas experimentales.  Ello permitirá elaborar ciertas hipótesis en la búsqueda de explicaciones, y en el desarrollo de esas teorías explicativas que en su demostración constituyen el establecimiento de la ley.

 

Así, cuanto más se avanza en la complejidad de los elementos de esa metodología  del conocimiento científico, más se aprecia su ausencia en geografía.  Sólo lo que concierne a los métodos empíricos de la sistematización del conocimiento (observación, medición experimentación), han sido viables en geografía, y eso no del todo sistematizados en torno a un objeto de estudio único; no así respecto a los métodos teóricos de la sistematización del conocimiento (hipótesis, leyes, teorías), lo cual –como antes lo hemos dicho– a falta de una definición de su objeto de estudio, o no existen, o lo existen en forma anárquica, asistemática, y de ahí la ausencia del enunciado de leyes en el proceso de obtención del conocimiento.

 

La sistemática del saber científico geográfico, como queda fácilmente demostrado con las exposiciones anteriores, no está aún plenamente desarrollada; ni incluso su parte que sí lo ha sido (los métodos empíricos (observación-descripción, medición-cartografía, experimentación-modelaje), lo está plenamente generalizada en una metodología geográfica única, debido a lo anómalo en la definición de su objeto de estudio.

 

Considerando tal objeto de estudio como el espacio, el rescate de las regularidades fundamentales relativas a ello, son, por ejemplo: la simetría bipolar, la tridimensionalidad, la zonalidad, la sectorialidad, la localización, la interacción, el orden de coexistencias, etc., por sólo mencionar algunas regularidades más fundamentales.

 

No obstante, nada de esto será posible sistematizarlo si no se avanza en una exhaustiva reinterpretación de la historia de esta ciencia.  Nada quizá, sea más importante en estos momentos para la Geografía, que las investigaciones relativas a sus fundamentos teórico-cognoscitivos.  Su ulterior desarrollo dependerá  -así estamos convencidos– casi exclusivamente de ello.

 

 

Previsión Científico-Geográfica.

 

Decíamos más atrás (incluso apoyándonos en Antonio de Alzate), que las Relaciones Geográficas tenían por fin inmediato la elaboración cartográfica; pero a su vez, que no era éste el fin último de la geografía, que mediante la cartografía o sus desarrollos tecnológicos en la cartografía automatizada o cartografía computacional), era posible cierta selectividad y el análisis con base en modelos aplicados o experimentales.

 

De suyo, esto plantea la necesidad de la hipótesis para poder dirigir el trabajo del modelo aplicado o experimental, y este trabajo es el que finalmente dará lugar a una teoría acerca de algún proceso espacial o geográfico.  La verificación regular de esa teoría aplicada a todo otro caso, finalmente establecerá la ley.  Pero todo posterior estudio que parta dela consideración de esa ley, necesariamente preestablecerá una previsión científica, estará dando las regularidades que se habrán de repetir en el proceso considerado, con base en lo cual es posible prever ciertos efectos de antemano.

 

Así el paso siguiente a la ley en la sistemática del saber científico geográfico –como de cualquier ciencia– será establecer la previsión científica.  Con ello destaca que la ciencia tiene como función última, prever para la humanidad los acontecimientos relativos a su campo de estudio, ya en las tendencias naturales de los procesos, ya mediante la aplicación de determinadas variables que modifiquen dichas tendencias si no se consideran favorables para la sociedad (y en su aplicación maléfica, exactamente para lo contrario).

 

La geografía, al estudiar y establecer las interacciones en el espacio entre la naturaleza y la sociedad, constituye una sólida base de sustentación de la planificación de los procesos sociales.

 

Esto no quiere decir –como erróneamente incluso nosotros alguna vez llegamos a sostener cuando estudiantes– que la geografía será finalmente una “ciencia de la planificación”, sino sólo que en tal sentido  encuentra una de sus múltiples aplicaciones; lo que, antes que restringirla a esos estrechos marcos, le deje ante una amplia perspectiva de desarrollo.

 

 

Una Geografía Única,

Íntegra y en Desarrollo.

 

Sobre la base de la Geografía como ciencia del espacio (sobreentendiendo la realidad objetiva de éste y su naturaleza física), se ha derivado toda una sistemática del conocimiento científico para esta especialidad, tal que se ha desarrollado así toda una teoría sobre su verdadero saber científico geográfico en una geografía única, íntegra y en desarrollo.

 

Hemos llamado a este esfuerzo analítico como: “teoría unificada de la geografía”; es decir, una teoría única de esa “geografía dual” que aún hoy en día se enseña como “ciencia mixta”, “ciencia puente”, “ciencia de la naturaleza y sociedad”, “ciencia de relación”, etc., para la que ciertos teóricos no han tenido reservas en desdoblar en dos geografías (por lo menos, si no es que en tantas como “ramas especializadas” se le atribuye tener).

 

Una ciencia que a la vez pretenda ser muchas en sí misma, acaba siendo equivalente a nada.  Negando esa trayectoria enciclopédica  y estática de la geografía actual, es que hemos teorizado sobre la geografía única, íntegra y en desarrollo.

 

La unicidad de la geografía radica en el reflejo de la unidad espacial del mundo.  Todo cuanto existe, existe necesariamente en el espacio y determina sus propiedades.  Si el geógrafo entra en el estudio de todo cuanto existe, únicamente lo hace por cuanto esto último: la determinación de propiedades espaciales.

 

Sin duda, lo que ha de guiar las investigaciones de los próximos años, será el desarrollo consciente de una teoría única del espacio geográfico, en el cuadro de una multiplicidad de teorías, en la búsqueda de la interpretación objetiva del mismo.

 

En la investigación aplicada; sobre la base del rescate de lo más posible de las Relaciones Geográficas, de la reubicación de significado y papel de la Cartografía y otras técnicas de análisis espacial, y del manejo teórico dirigido de modelos; habrán de resolverse problemas reales y concretos del comportamiento del espacio geográfico, y tendrá lugar una real y capaz ingeniería geográfica.

 

En la investigación fundamental; sobre la base delas más ricas abstracciones y generalizaciones teóricas, se habrá de resolver la problemática cognoscitiva de las leyes geográficas y la previsión científica en esta disciplina de conocimientos.

 

 

Conclusiones.

 

Creemos –después de un lustro de trabajo; ciertamente en exceso rudimentario– que estamos en el umbral de establecer la unificación e integridad de la Geografía, así como de los fundamentos de su ulterior desarrollo.

 

Por siglos se ha expresado una contradicción entre una concepción de la geografía estudiosa de los fenómenos, y una concepción de la geografía estudiosa del espacio terrestre.  Una expresada principalmente a través de las descripciones o Relaciones Geográficas, y la otra mediante la Cartografía.

 

Estrabón, Varenio[d] y el humbodtismo, han intentado en tres momentos históricos dar lugar a una geografía única, y otras tantas veces la práctica de esta ciencia se ha desdoblado en una “geografía dual”.  Esto no se ha debido a la incapacidad de los geógrafos para resolver la unidad de la Geografía; sino a la complejidad del objeto de estudio de esta ciencia; que está más encubierto, cuanto más nos remontamos en la historia, y no es sino hasta ahora, a la luz de la nueva tecnología y el avance de otras ciencias, que por fin está en posibilidad de despejarlo.  Aún más, podemos decir que así ha sido, y lo que nos queda por delante es desarrollar una teoría acerca de él y en torno al cual lograr la unificación de la Geografía.

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[a]  Nota Bene: Se refiere al trabajo de investigación posterior a los Congresos Nacionales de Geografía hasta 1985.

[1] Alzate y Ramírez, José Antonio de; Estado de la Geografía de la Nueva España y Modo de Perfeccionarla; Asuntos Varios Sobre Ciencias y Artes Nº. 7, diciembre de 1772; en Papeles Varios, T. III, Colección La Fragua, BNM; pp.49-56.

[2]       Op. Cit. p.49.

[3]       Op. Cit. p.52.

[b]  Hay aquí un evidente error, en que se confunde la fecha de las Relaciones Geográficas del siglo XVI, con las levantadas por Antonio de Villaseñor y Sánchez en el primer lustro de los años cuarenta del siglo XVIII.

 [c]  Nota Bene: Se hace alusión al momento de dejarlo establecido formalmente en la tesis de Licenciatura, si bien el planteamiento venía de años atrás.

[d] Nota Bene: Desde siempre hubo una cierta duda sobre el papel de Varenio, y aún hoy está por hacerse su verdadero análisis.  Independientemente del plagio de ideas y hacer pasar como suyo lo que al parecer fue hecho por otro autor llamado Kekerman–como Horacio Capel relata tomado de otra fuente en el estudio preliminar que hace a la obra de Varenio–, hay notables indicios de una posición kekermaniano-vareniana geográfico espacista.

 



 

 

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