La Geografía en sus Determinaciones Históricas Externalistas

Publicado en por Sociedad Mexicana de Teoría

Cuadernos STMHG 

II  Parte:  Contextos Externalistas


La Geografía en sus Determinaciones

      Históricas Externalistas

 

Luis Ignacio Hernández Iriberri.

 

 

En este ensayo se trata con el título de “La Geografía en sus Determinaciones Históricas Externalistas”, todo lo relativo a los contextos históricos, económicos, sociales y políticos a que se vincula la Geografía.

 

Con este título no se trata de valorar las causas externas como principal motor de la ciencia de la Geografía, por encima de las causas internas; sino que se maneja el simple examen de los factores económico-sociales y su importancia, a fin de valorar éstos precisamente en la actualidad, y ver cómo es que están influyendo en el desarrollo presente de la Geografía.  Es decir, cómo ellos se convierten en reclamo social que demanda respuesta a la Geografía como ciencia.

 

Luego de un breve análisis histórico –sin la exhaustiva demostración historiográfica–, se plasman las regularidades existentes como determinantes externas en el desarrollo del saber geográfico, para, finalmente, revisar el carácter de éstos en su influencia en el conocimiento geográfico actual.

 

Hemos resumido en e concepto “determinaciones históricas externalistas”, todo lo relativo a los “contextos históricos, económicos, sociales y políticos, vinculados a la Geografía” (o a los que la Geografía se vincula), de acuerdo al tema con que fueron convocados los trabajos de esta Mesa.

 

El análisis de la historia de la ciencia con la finalidad de entender las causas de su desarrollo, comprende el estudio tanto de dichas determinaciones externas, como del estudio de las contradicciones internas dadas en la evolución de sus teorías.  Aquí nos limitaremos a las determinaciones externas, dejando claro que no son éstas ni las únicas, ni las que esencialmente mueven el saber geográfico.

 

Haciendo una generalización muy amplia de las determinaciones causales externas de la evolución del saber geográfico, éstas son las relativas a las causas económicas; entendiendo en éstas las soluciones a las necesidades sociales en su conjunto, sean ellas de abasto alimenticio, de obtención de fuerza de trabajo y acciones militares, de mercadeo y comercio, etc.

 

Bajo esta generalización, desde el viaje instruido por el fraón Necao (s.VI ane), que dio lugar al periplo de África, hasta las exploración de Piteas (s.IV ane), hacia los extremas latitudes norte, con lo que se aportó el conocimiento de los Klimas de Ptolomeo, no se distinguen en nada de los actuales viajes a la Luna o en Estaciones Orbitales a la Tierra que aportaron el conocimiento del campo magnético de ésta.  Lo que las exploraciones e ambos momentos históricos y sus respectivos aportes  de conocimientos tiene en común, es el móvil económico-militar en un primer plano; y el móvil de los satisfactores sociales de comunicación y obtención de recursos, en segundo lugar.

 

La solución a dichas necesidades traen consigo el desarrollo científico y tecnológico (el que a su vez, con lo alcanzado antes por éstos, permite dar lugar al desarrollo de esos móviles con nuevos intereses económico-sociales).

 

Sin embargo, quedarnos aquí sería quedarnos en una generalización muy grande.  De modo que tenemos que cuestionarnos acerca de qué regularidades existen en las determinaciones históricas externalistas en el desarrollo de la Geografía.

 

Salta a la vista que esas regularidades se refieren a las épocas de las grandes exploraciones en extensión, o los viajes movidos con fines comerciales y de mercadeo, y de conquista militar territorial, en pos de fuerza de trabajo y recursos naturales.

 

Desde el siglo XXIII ane en los tiempos del rey mesopotamio Sargón y las primeras exploraciones registradas históricamente, éstas tiene por objeto central no otra cosa que conquistar nuevas tierras y recursos, o en su variante, entrar en comunicación con otros pueblos e intercambiar sus bienes  materiales diversificando sus riquezas y bienestar.  En suma, lograr conquistas militares o establecer embajadas, en ambos casos, para penetrar económicamente e impulsar el comercio[*].

 

Podemos establecer y generalizar ciertas regularidades en principio: que, en consecuencia, el conocimiento geográfico por excelencia, el referido a lugres y situaciones, a las localizaciones y distribución, a los límites y extensión, en suma, a la exploración del espacio; está determinado por fines político-militares, y económico-comerciales.

 

En un segundo orden de cosas, esta actividad militar o comercial conlleva otros aspectos: el transporte y su industria; y algo muy próximo a ello, el desarrollo tecnológico correspondiente.

 

Parte de ese mismo desarrollo tecnológico, en un tercer plano de aspectos a considerar, es el del instrumental de medición, no obstante en esto último ya se establece una transición a las determinaciones internalistas.

 

De las exploraciones que pudiésemos calificar de prehistóricas, aun cundo sólo por razones cronológicas, realizadas en marchas a pie, se pasó a las exploraciones registradas históricamente (del rey mesopotamio Sargón, de la reina egipcia Hatshepsut), con el uso de los medios de transporte fluvial y animal, y la industria y tecnología que ello implica, por rudimentaria que nos parezca.

 

Luego el conocimiento geográfico se acrecentó y desarrolló  aún más con las exploraciones marinas de cabotaje en birremes, de Necao, de Esylax, de Hanón, que supusieron una industria naviera y tecnologías más avanzadas, pero que continuó en ascenso con el paso de los siglos, hasta llegar, con el diseño de la carabela (s.XVIII), a los grandes viajes de navegación de altura, que condujeron directamente a la integración geográfica de mundo.

 

Con la conquista de los Polos y las exploraciones del Ártico y el Antártico consumadas a principios del siglo XIX, pareciera que no quedando más qué explorar en extensión, la Geografía no tendrá razón de ser mas que como glosario de conocimientos; y ciertamente esto suscitó confusión en algunos teóricos, que identificaron la exploración como forma de obtención de conocimientos geográficos, con las determinantes económico-sociales de éstas.

 

Sin embargo, debemos señalar: las determinantes externalistas siguen existiendo, y no hay razón par penar que no sean ahora, las mismas que a lo largo de toda la historia causaron el conocimiento geográfico.

 

Por otra parte, otra forma de la misma confusión, es identificar erróneamente geografía y exploración en extensión, de modo que aparentemente “agotada” ésta, se produzca la extinción de aquella.

 

Cabe indicar aquí que la exploración como proceso de investigación científica, es inagotable, y sólo cambia cualitativamente: la exploración geográfica de hoy, no implica descubrir lugares antes desconocidos, sino indagar más a fondo las cualidades de todo lugar ya descubierto, y esto, tan sólo como base de algo más esencial en la investigación geográfica, de algo que en el decurso de toda la historia de esta ciencia se ha hecho, pero tanto más encubiertamente, cuanto más se remonta la historia, y ello es precisamente la investigación o exploración del espacio terrestre como tal.

 

Cómo es pues, entonces, que las determinaciones externalistas político-militares, económico-mercantiles, y de la industria del transporte y su desarrollo tecnológico; como tres regularidades fundamentales en la historia de la Geografía, influye actualmente en el conocimiento geográfico.

 

En principio y en general, diríamos que exactamente de la misma manera que en otros tiempos: estimulando la exploración (o investigación) espacial, con fines militares o comerciales.  Ahora, diríamos; ¿acaso no es justamente esto lo que está ocurriendo?

 

Si la navegación fluvial en los ríos Tigris y Éufrates, Nilo, etc; mejoró las marchas exploratorias a pie o con animal; la navegación de los mares Mediterráneo, Rojo, Arábigo, Del Norte, o Golfo de Bengala, etc; suplió a la navegación fluvial, pero a la vez, la navegación de los mares y el cabotaje, fue sustituida por la navegación oceánica.

 

En nuestro siglo, la navegación adherida a esas condiciones fluviales  del espacio plano o bidimensional, ha sido dejada atrás por la navegación en el espacio tridimensional: l navegación aérea o cósmica (la navegación en el fluido aéreo, o por la geometría de las líneas del campo gravitacional).

 

Pero si el conocimiento geográfico en los tiempos de Sargón, o de Necao, Escylax y Hanón, necesitó para ser lo que fue, de los rudimentos de la astronomía de posición; o en los tiempos de Nearco y Piteas; de saber determinar la latitud y tener sólidas bases de trigonometría; o en el período renacentista, de una bien formada base matemática y cosmográfica, del conocimiento de la elaboración de mapas y uso de la brújula y astrolabio, etc.

 

En nuestro tiempo, el conocimiento geográfico necesita –para ser lo que con rigor científico debe ser–, siendo consecuente con su propia historia, de sólidas bases cosmográficas y físico-matemáticas, con el empleo de la tecnología más avanzada de nuestro tiempo en el terreno de la cmputación.

 

La investigación geográfica moderna y contemporánea no ha terminado, por el contrario, recién se prepara para comenzar.

 

La capacidad de respuesta que los geógrafos tengamos hoy a las actuales determinaciones externalistas en el desarrollo de nuestra ciencia, dependerá, simple y llanamente, de que tan consecuentemente se sea con la verdad y objetividad histórica.

 



[*] La demostración de esto sería referir con detalle la historia, y destacar, por ejemplo, los objetivo de Escylax bajo las órdenes de Darío, o del cartaginés Hanón, en esa mima época (ss.V-IV ane); o más tarde de Alejandro Magno y Nearco (320-324 ane); de Megástenes, de Cosmas Indicoplésteus, et.

 



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