Teoría y Práctica en el Quehacer Geográfico Actual.

Publicado en por Sociedad Mexicana de Teoría

Cuadernos STMHG 

III  Parte:  Prácticas de la Geografía

 

Teoría y Práctica

 en el Quehacer Geográfico Actual

Luis Ignacio Hernández Iriberri.

 

 

En este breve ensayo se apunta el problema esencial de la falta en administración de la ciencia de la Geografía, de la investigación básica, circunscribiéndose toda investigación desde hace veinticinco años, a l investigación aplicada como justificación de un quehacer práctico, reduciéndose toda la actividad geográfica a la pura empíria.

 

La ausencia de la investigación básica, y con ello de todo fundamento teórico científico, con toda la apertura de criterios que ello implica, con toda la reorganización administrativa, etc; es fuente de un círculo ciciado en el ámbito académico, en el que, deseando desarrollar la Geografía a través de una “especialización” en alguna de sus”ramas”, se incurre en el debilitamiento cada vez mayor de la Geografía en sí como ciencia, convirtiéndose así en vía fácil para acceder a otras especialidades.

 

Pero a su vez, en el ámbito práctico de las esferas productivas, el trabajo puramente empírico, ha demostrado la incapacidad de una generalización teórico que fundamente el quehacer eminentemente geográfico.

 

De ahí que en conclusión se proponga una sana trasmisión de la estafeta, iniciando un amplio debate en igualdad de condiciones, sin prejuicios medievales acerca de “ideas oscuras”, de “ideas confusas”, propiciando no sólo una posible reforma al Plan de Estudios, como incluso una correcta (y pacífica) reestructuración de la administración de la ciencia de la Geografía.

 

La relación teoría-práctica es fuente inagotable de análisis en toda actividad.  En este ensayo deseamos enfocar dicha relación, convencionalmente traducida en la relación entre el ámbito académico y el ámbito de las esferas productivas.

 

En esta traducción de la relación teoría-práctica en el quehacer geográfico, se analiza el conflicto existencial del geógrafo: el de su propia identidad; el de una esfera investigativa propia y una solución original a los problemas.

 

El geógrafo en México, en los últimos veinticinco años, ha tenido un desenvolvimiento, desde una formación plenamente empírica; es decir, sin una fundamentación teórico-científica cabal de su investigación aplicada, que “funciona” en el ámbito académico, pero no en la realidad de los procesos productivos.

 

No obstante que en el ámbito académico aparentemente “funciona” la investigación aplicada empírica actual, abstraída de responsabilidades productivas, la ausencia de una teorización coherente de todo ese trabajo y de la fundamentación del currículum de materias en que se da la formación del geógrafo actual, crea tal desasosiego, que el estudioso de la geografía agota el Plan de Estudios sin haber encontrado un fundamento lógico y científico de su quehacer profesional.

 

Esta situación le empuja a “especializarse” estudiando los problemas de otra ciencia, cursando maestrías y haciendo doctorados en otras especialidades, y convirtiéndose –como algún profesor decía–, en verdaderos “tránsfugas” de la Geografía, bajo el argumento de que prácticamente cualquier  otra ciencia es una “rama” de la Geografía.

 

Se da así un círculo cerrado en el ámbito académico, en el que el egresado se ve impelido a una “especialización”-transfugación, y vuelta a reproducir a la vista de las nuevas generaciones, un mundo “interesante” y atractivo; como lo pueden ser la lejanas y exóticas culturas; pero porque constituye el mundo propio de otra especialidad, con su rigor científico y su propio objeto de estudio y método.  Solamente que esos mundos “interesantes”, resultan no-geográficos, sino propios de cualquier otra especialidad.  Nunca se distingue exactamente en donde está la geográfico.

 

Es decir, tales egresados continúan siendo incapaces de dar una fundamentación suficiente y lógica de la ciencia de la Geografía.

 

Por otra parte, en el ámbito de lo práctico, de las esferas productivas (o como más comúnmente se maneja: el ámbito de “los geógrafos de los sectores público y privado”, cuya caracterización nos parece muy general y ambigua, pues no todo el sector público o privado es eminentemente productivo, pues comprende también los servicios), se ha visto la incapacidad de una generalización teórica a partir de su propia práctica, y exclusivamente desde su base empírica, de modo que no sólo se reproducen insatisfactoriamente los mismos viejos esquemas, sino que aún más, se sufre un paulatino proceso de desprofesionalización, siendo éste tanto mayor, cuanto más vínculo existe a los procesos eminentemente productivos y sus condiciones laborales particulares (como es el caso específico de la experiencia personal del geógrafo en la Industria Petrolera).

 

En este ámbito se da la minimización del geógrafo y su puesta a un lado, siendo en vano la “especialización”-habilitación en otra especialidad, pues nunca se llega a obtener un reconocimiento real, ni como geógrafo (pues como tal demuestra no tener capacidad de respuesta), ni como especialista habilitado (pues siendo habilitado se juzga no tener la formación necesaria e incluso suficiente).

 

En ambos casos (el ámbito teórico-académico y su investigación aplicada, y el ámbito práctico-productivo y su trabajo empírico) existen elementos en común; por ejemplo: a) ningún ámbito por sí solo, ha sido capaz de resolver una generalización teórica que dé fundamento lógico y una organización científica a la Geografía; o, b) en ambos casos es visible una ausencia de apoyo teórico emanado de una investigación básica; en todo caso, , por todo fundamento teórico se tiene el viejo esquema generado principalmente en el curso de la década de los años cincuenta; el cual es cotidianamente reproducido acríticamente.

 

De estos conocimientos de lo habido en común entre estos dos grandes mundos, puede generalizarse una conclusión, la cual resulta esencial en l solución no sólo de la supuesta reforma al Plan de Estudios, sino principalmente en la reorganización misma de la ciencia de la Geografía; y ésta es, que debe iniciarse un debate amplio, generalizado, y sobre todo, en igualdad de condiciones; dándose cabida a las más diversas corrientes de pensamiento; romper con los prejuicios oscurantistas que califican a todo lo que les parece extraño, a todo lo que sale de lo establecido, de “ideas oscuras”, de “ideas confusas”; y, finalmente, reorganizar las estructuras de administración de la ciencia de la Geografía, a fin de dar cabida amplia y esencial, a la geografía teórica, a la investigación básica.

 

Si por un lado no puede seguirse admitiendo más el argumento del autoengaño encubierto en la “incompresnsión” del papel del geógrafo; por otra parte, si no se quiere pagar más tarde un alto costo social, con el retraso en el desarrollo de la Geografía producto de su desmembramiento, como solución mecánica a la incompetencia en la elaboración teórica, etc; no puede diferirse más el análisis crítico con todo un fundamento teórico rescatado de un vasto estudio histórico general de la Geografía. 

 


 

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